La práctica en el cotidiano

 

 

Cuando la gente comienza la práctica de qi gong, un tema recurrente, es como incorporarla en su vida. Venir a una clase o más por semana, y con regularidad, está muy bien; seguir unos talleres para profundizar, excelente… pero no será suficiente sin la práctica cotidiana, sin el trabajo de la sombra, tu, contigo mismo, buscando el movimiento, equivocándote, y por fin encontrando la fluidez después de horas de “equivocación “.

Cuando empecé a practicar, me costó entrar en el ritmo, sola, sin el grupo... siempre encontraba alguna otra cosa que hacer… el exterior tiene tanta atracción, y con fuerza nos puede alejar de nuestro interior, de la conexión con nosotros mismos. Una llamada que hacer,  un libro que leer...y por supuesto nuestra tendencia sin fin a buscar el pretexto de una vida muy ocupada, donde nunca, nunca, podríamos encontrar un hueco…. Así, no tenía ni 5 minutos para ponerme de pie, entre Tierra y Cielo, consciente de mi respiración ¿todo era más importante, más atractivo, que 5 minutos, o más, de presencia?

Decidí entonces poner en mi agenda, que consideraba lleno,  mi práctica cotidiana… el lunes a las 16h, el martes a las 12h, el miércoles…. y me obligué;  si, tuve que obligarme, hasta que poco a poco, ese tiempo fue natural para mi, esencial.

Y descubrí el placer de practicar, el bienestar que provoca, la serenidad que da, la salud que va mejorando, porque la salud no es otra cosa que una manifestación de equilibro.

 A partir de esto pude darme muchos otros regalos al cotidiano: me doy tiempo, me doy paseos, me doy paisajes bonitos… y elijo. Elijo estar al lado de quien me hace sentir bien, de leer lo que me enriquece, de mirar lo que me hace feliz, de escuchar lo que me enseña.

Más que nunca, creo que tenemos la posibilidad de regar las buenas semillas que tenemos adentro, para hacerlas crecer, y sé que la práctica del qi gong es una manera formidable de hacerlo.